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Fue uno de los Palacios Reales medievales más lujosos de Europa y se puede visitar en Navarra

Palacio Real de Olite (Navarra)

Raquel Sáez

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La localidad navarra de Olite cuenta en su censo con poco más de tres mil habitantes, pero puede hacer gala de una riqueza arquitectónica y cultural que competiría con cualquier ciudad de mayor tamaño. En parte, eso se debe a su cuidado casco histórico, pero principalmente a la majestuosidad del castillo que lleva el mismo nombre que la localidad, aunque en realidad se trata de un enorme complejo palaciego que fue declarado como Monumento Nacional en 1925. 

El Palacio Real de Olite es la obra cumbre del rey Carlos III, conocido como el Noble y también por ser el impulsor de numerosas reformas, intentando extender la educación a más clases sociales. Lejos de ese intento de acercamiento a la población, el monarca echó el resto con este complejo, donde se volcaron ingentes recursos económicos, artísticos y varios caprichos de él y de su mujer, doña Leonor.

Su construcción se llevó a cabo sobre una fortaleza del S.XIII, que a su vez se erigió sobre unos restos arquitectónicos romanos. Fue un proyecto casi personal del monarca, que contó con todo aquel que le pudiera añadir majestuosidad. 

Al resultado final no le faltó detalle: un complejo irregular de siete torres, una muralla, una opulenta decoración, galerías, un jardín colgante y patios que llegaron a albergar aves, cisnes, un camello, un lobo cerval, papagayos, búfalos, algún león y hasta una jirafa. La opulencia era tal que se decía que “tenía tantas habitaciones como días el año”, según recoge el consistorio. 

El Palacio Real de Olite pronto se convirtió en uno de los complejos palaciegos más espléndidos de Europa para la época. Esta fama no solo se la dio su imponente silueta ni los torreones del complejo, sino la decoración mudéjar que alberga en su interior. Fue un lugar de encuentro cultural: algunas pinturas son obras de artistas catalanes, mientras que franceses y moros estuvieron a cargo de las yeserías. 

Su diseño no fue lo único que lo hizo conocido en todo el continente, sino que el palacio también albergó grandes fiestas, amenizadas por músicos y juglares, cacerías, torneos y hasta la celebración de las Cortes del Reino de Navarra. 

Un palacio casi en ruinas y que ahora es visitable 

El Palacio Real de Olite ha vivido altibajos. Tocó fondo durante la Guerra de la Independencia, cuando el general Francisco Espoz y Mina ordenó prenderle fuego y destruirlo con pretexto de que los franceses no se hicieran fuertes en él. El histórico complejo quedó abandonado hasta que fue adquirido en 1913 por la Diputación Foral de Navarra, iniciando su reconstrucción. Fue declarado Monumento Nacional en 1925 y parte del espacio es visitable en diferentes formatos, con visitas guiadas, en grupo o teatralizadas. Es necesario que los visitantes compren la entrada previamente en su página web. 

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